En el instante que decidí abrir las puertas y las ventanas de mi vida, lo primero que note fue el sol radiante que comenzaba a iluminar y darle un color nuevo a mi estancia…
Bajé presurosa, abrí la puerta al mundo y me atreví… Salí a la calle y me maravillé al sentirme tan viva y tan feliz.
Respiré profundamente, dejando que aire nuevo entrara en mis pulmones y me llenara de vida, y dejando salir con mi aliento las sombras que tan cerca habían estado de mi, demasiado tiempo.
Después de unos segundos de acostumbrarme a tanta claridad le vi… El seguía allí... Aunque ya no miraba mi ventana, me veía a mí… Suprimí el impulso de ir corriendo a abrazarLe, me detuve y me dejé embriagar de nuevo por su picardía y su sonrisa… No hice nada por unos minutos, pero sabía que iría a Su encuentro aun antes de dar el primer paso. En la pequeña distancia me tomé el tiempo para saludar a quienes caminaban por allí, a quienes agitaban su mano sonreídos o se detenían sencillamente para darme un abrazo.
Y El seguía allí… y yo seguía camino a Su encuentro.
“Eres libre” había dicho varios días atrás… Aunque siempre estuvo allí… Hoy se que siempre fui libre… y que gracias a esa libertad que tenía decidí quedarme a Sus pies.
Hay personas que de forma misteriosa consiguen dejar una huella profunda, una marca permanente… El es de esas personas.
Es curioso, le he dicho con sinceridad que me ha regalado la experiencia de sumisión más real que había vivido… Y es cierto… A pesar de la distancia, de los kilómetros y de un océano que esta allí como silenciosa barrera, El consiguió que yo tocara mi esencia y respirara a través de una entrega que me plenaba como nada antes lo había conseguido.
Cuando quedé frente a El me extendió Su mano de nuevo… me detuve un tiempo antes de tomarla, no porque dudara de querer hacerlo… Me di esos instantes para contemplar llena de alegría como Su mano volvía a vestirse con un guante de seda… y con una sonrisa que no cabía en mi rostro la tomé entre mis manos… Comenzamos a caminar en silencio… pero en ese silencio que dice todo… Algo había cambiado… No solo era la suavidad y la firmeza con la que sujetaba mi mano y me guiaba, también había cambiado mi forma de seguirLe.
Menos inquisitiva permitía que Sus pasos marcaran el camino y le seguía con una fe renovada… Estaba conciente que volvían a vernos juntos, algunos sonreían con alegría, otros cautelosos preguntaban como me sentía y otros solo rumiaban sobre la dicha que nos embargaba, pero inmunes, nosotros le dábamos forma a un collar nuevo.
En apariencia todo sigue igual… Incluso el collar es en apariencia el mismo… Pero yo no soy la misma sumisa. Hay algo que tiene para mi un valor aun mas fuerte.
El compromiso… Mi compromiso…
Un compromiso que renuevo de servirLe, obedecerLe y entregarme como El se merece
Mi compromiso de seguir manteniendo el respeto a la sumisa que soy
Mi compromiso a no dejar de crecer en mi vida, y a no dejar de enriquecer mis experiencias, porque buenas o malas, van moldeándome y definiéndome
Y sobre todo mi compromiso a seguir creyendo…
Las cosas existen cuando crees en ellas…
Yo creo… y por eso lo siento y lo vivo…
Han pasado varios días desde que Su mano me ha tomado de nuevo… Y unos pocos desde que me arropó con Su collar… Y antes de entrar aquí a publicarlo, me senté en un rincón de mi vida, sentí de nuevo el collar, su forma, sus colores, su textura… me pasee por todos nuestros momentos, por aquellos vividos y por los que me regalaba nuevamente.
Disfrute el orgullo de sentirme Suya… Respire profundo, esta vez para embriagarme de Su poder y entonces tomé entre mis manos la pluma y dejé que las palabras me desbordaran…
Al final, al leerlo… se que no expresa mis emociones con fidelidad, se que mis palabras se quedan cortas y mis emociones no tienen punto de comparación.
Pero de todo, lo que mas disfruto es una sensación que había perdido y que ahora me invade, una sensación que me ha arropado y siento que El también está saboreando nuevamente. No es la lujuria desbordada, no es una pasión abrasadora, ni un deseo irrefrenable…
Siento PAZ y es algo maravillosamente delicioso.
Sin tantas preguntas, sin tantos cuestionamientos inútiles… La magia es un puente que une lo visible con lo invisible… Fe, Paz, Compromiso, Confianza… Palabras que hoy adquieren vida… y me acompañan. Y El…
Usted de nuevo tomando mi mano y yo que ya no necesito el mundo entero para protegerme… porque a Su lado vuelvo a sentirme segura.
Gracias… a El, a Ustedes, a todos… pero en especial a El… maravilloso ángel que cuidó mis sueños y los protegió con fuerza cuando yo misma quería destruirlos. Gracias… porque sigue aquí y sigo aquí…

3. Agradecer a quien te lo envió:



